MERANO SE PONE MODERNO

No confundir con Murano, per favore. En el Tirol del Sur italiano, a pasos de Austria y de Suiza, rodeado de montañas y balnearios termales, Merano regala castillos, iglesias y otros encantos. Ahora, con la reapertura del hotel Aurora, también días y noches envueltos en modernismo y confort digno del siglo XXI.

El hotel Aurora ha estado en manos de la misma familia (los Aukenthaler) desde los años 60, aunque la propiedad original, que también les pertenecía, data del último cuarto del siglo XIX. Hoy toman la posta dos hermanos, Melanie y Philipp, tercera generación en el negocio, resueltos a subrayar los contrastes entre naturaleza y vida urbana, pasado y presente, comunidad local y visitantes extranjeros.

Convencidos de que la única forma de permanecer era cambiar, los nuevos líderes del Aurora (que empezaron a hacer de las suyas ya en 2006, cuando abrieron un bar y una discoteca en la vieja planta baja que funcionó hasta la pandemia) encargaron una transformación que, sin desconectarlos con las raíces del lugar y la familia, permitiera abrir las puertas a un nuevo mundo. En sus propias palabras, lo concibieron casi como una obra de arte “viva”, en la que la luz, las perspectivas y los materiales deparen sensaciones distintas todo el tiempo.

El diseñador milanés Hannes Peer y el estudio de arquitectura feld72 se encargaron de las obras, que tomaron los dos edificios que ocupa el hotel: el más antiguo, de 1876; el moderno, de los años 60. El antiguo tejado del primero hizo lugar a casi una veintena de nuevas habitaciones (bautizadas como Iconic), donde conviven amigablemente el espíritu alpino y los aires de Palm Springs, con sus camas bajas, sus lámparas de metal, su nogal oscuro y su terciopelo color óxido.

En cuanto al edificio más contemporáneo, alberga el grueso de los espacios públicos del hotel y renuncia deliberadamente a todo convencionalismo local. Hay un enorme mural hecho con unos 2 mil azulejos, pisos de piedra, una instalación lumínica en cristal de Murano y un enorme mostrador de recepción curvo en caoba, todo ello en un ambiente donde el hormigón pone a su vez la nota brutalista.

Los sofás de formas poligonales, la vegetación tropical, las alfombras en tonos púrpura y los espejos ahumados redondean el aire cinematográfico con el que Peer también quiso dotar a la nueva versión del Aurora.

Como la cultura y el arte debían decir presente, el hotel ofrece también un espacio para exposiciones, Carte blanche, que privilegia las perspectivas contemporáneas y es virtual y físico a la vez. Por su lado, el Listening Bar (exclusivo para huéspedes y miembros) es definido como un espacio curado donde la música ocupa el centro de la escena, en un ambiente que no es ni del todo un bar, ni del todo un club. Ofrece sesiones de vinilos una vez por semana y charlas sobre música una vez al mes.

En cuanto a la gastronomía, el restaurante Arté despacha el obligado menú de estación con énfasis en los productos de la región y ocupa un espacio con aires Art Déco y su terraza contigua. En ese salón sobreviven los originales listones de madera del techo, así como la barra y las jardineras integradas. También hay un café, que lleva el nombre del hotel y abre desde el desayuno hasta la medianoche.

Al exterior, dando la nota sobre la renovada fachada, una corona de aletas de aluminio reinterpreta los clásicos tejados de la región, dotándola de brillo y percibiéndose abierta o cerrada, opaca o porosa, según la perspectiva del ojo que mire y la hora del día. El Tirol nunca se vio tan moderno.