CENA SUBTERRÁNEA EN BRISBANE
No sólo de Sidney y Melbourne vive la movida australiana. En Brisbane, la capital de Queensland, un estudio local viene de transformar el sótano de un edificio histórico en el más singular de los restaurantes y bares posible, donde la gastronomía y los tragos compiten con el brutalismo, la estética industrial y una atmósfera muy teatral. Así es Central.
Entre los 50 y los 60, el sótano albergó un jazz lounge que hizo capote en la ciudad, lo suficientemente reputado como para atraer gente de todo el país a un viejo edificio que databa de 1890.
La reconversión del lugar, a cargo del arquitecto Jared Web, de J.AR Office, puso en valor las paredes de roca volcánica (típica de los grandes edificios públicos de la ciudad), mantuvo y resaltó su rugosidad y le sumó la modernidad del acero inoxidable y el granito jaspeado para dotar al ambiente de una estética industrial digna del siglo XXI, pero que al mismo tiempo no desmintiera la personalidad del sótano, con sus techos bajos, su poca luz y sus limitaciones de ventilación natural.
Los mínimos toques de calidez corren por cuenta de la madera encerada de las mesas, las telas drapeadas con aires de telones teatrales que ofician de separadores aquí y allá, y dicen están inspiradas en los andamios de malla de las obras en construcción.
El punto focal del lugar es, como cabe esperar, la cocina abierta, que aquí también está elevada respecto del resto de la superficie. Rodeada por barras y mesas comunitarias, está iluminada por un techo de rejilla que la baña de brillo y la destaca de todo el resto.
Los mediodías (también sirven almuerzos) son algo más iluminados, al tiempo que por la noche una bola de discoteca pone las cosas en su lugar, evoca los viejos tiempos del jazz lounge y se lleva de maravillas con el clima que se impone en el bar a medida que transcurren las horas.
En el menú hay desde ostras, ceviche y tartare de wagyu como entradas, platos para compartir (noodle de langosta, black angus o Chow Fun cantonés, entre tantos otros), carnes de pato, puerco y pollo y acompañamientos casi tan teatrales como la ambientación.
Cocktails, cervezas y vinos dan la nota en el bar, que los sábados de noche se transforma en un animado lounge donde la bebida corre a raudales para acompañar los sabores cantoneses y la música de aires disco. Eso sí: advierten que, una vez allí abajo, no hay señal en los celulares.