LONDRES BRILLA EN FITZROVIA

A mano de todo menos de la obviedad, Fitzrovia vuelve a dar la nota en Londres con la apertura de The Newman, un hotel que se las ingenia para combinar el servicio impecable que espera el viajero global, un espíritu local capaz de hacerle honor al pasado del barrio y un diseño refinadísimo que lo envuelve todo.

La arquitectura georgiana, la herencia bohemia y los pubs frecuentados por artistas (entre ellos más de una celebridad), son algunos de los sellos de Fitzrovia, que parece un mundo aparte aunque no queda nada lejos del trillado Soho o del clásico Marylebone. En el número 50 de la calle que lleva su nombre, este elegante hotel se presenta a sí mismo como un sitio con alma social, corazón de oro y lujo boutique.

El estudio de interioristas Lind + Almond (que sólo tenía experiencia en el rubro con un establecimiento en Copenhague) trilló el barrio palmo a palmo antes de ponerse a dibujar nada, y juran que el trabajo incluyó largas entrevistas con los locales y un detallado estudio de todas las capas históricas y urbanas de la zona, caracterizada por su uso variado y su fauna variopinta.

La impronta Art Déco guió las obras, también pautadas por una paleta de colores restringida, el diseño de muebles a medida y el empleo de materiales nobles como las maderas oscuras y el acero inoxidable pulido. Pintores, fotógrafos, ilustradores y otros artistas visuales (que suman casi una veintena) recibieron encargos varios para la decoración del hotel, siempre inspirada en figuras célebres que vivieron en el barrio o lo frecuentaron, muy especialmente en Nancy Cunard, una desaparecida escritora, mecenas, activista (y reina de la bohemia local) cuyos brazaletes y lunares son repetido leit motiv del interiorismo.

En el Newman hay algo más de 80 habitaciones, studios y suites, donde los techos claros contrastan con las maderas oscuras y los metales brillantes. En los baños, la disposición de los azulejos y el trabajo de los mármoles evocan la arquitectura de prestigiosos edificios vecinos. Mención aparte merece el penthouse, con más de 130 metros cuadrados, sauna, terraza y una pequeña piscina.

En la planta baja del hotel, la Brasserie Angelica se suma para reinterpretar la historia de los pubs londinenses, desplegada en tres alas y abierta a toda hora del día, del desayuno a la cena. Hay también un bar (el Gambit, pensado para los tragos, las cervezas artesanales y los pequeños platos), más oscuro y rico desde el punto de vista decorativo, donde el golpe de efecto descansa en los juegos geométricos que proponen sus mesas y butacas, en los techos trabajados con enormes luminarias y en las atractivas alfombras.

La oferta del hotel se redondea con un spa que abre espacio a baños de vapor, estudio de Pilates, salas de tratamiento, aulas de yoga y piscina para hidroterapia. Apostando a una cuidadosa mezcla entre presente y pasado, y resuelto a reflejar en sus espejos el alma del barrio, el Newman es el nuevo niño mimado de Fitzrovia. Y medio Londres está hablando de él.