DOLCE VITA SOBRE RIELES

El mítico Orient Express anuncia una nueva línea por Italia que conjuga el espíritu romántico de sus viejos orígenes con un diseño de interiores ultra moderno. Todo ello, claro, sin perder de vista por un instante el glamour del viaje ni el encanto de los destinos que ofrece la península.

Dicen que es la reencarnación del sueño que, hace unos 150 años, impulsó al belga Georges Nagelmackers a concretar una empresa legendaria. Las cabinas y las suites de este nuevo Orient Express, a cargo de la célebre firma milanesa Dimorestudio, fueron pensadas para recrear el glamour italiano de los años 60 y el espíritu festivo que inspiró la Dolce Vita, más acá y más allá de Fellini.

Hay once vagones que rinden tributo a lo mejor del diseño, la decoración y la artesanía de Italia, inspirados en nombres como los de Giò Ponti, Gae Aulenti, Nanda Vigo y Osvaldo Borsani.

Las 12 Deluxe Cabins, con sillones que se transforman en cama por la noche, ostentan una decoración cálida, con pisos alfombrados, techos revestidos en madera y baños privados. Por su parte, las 18 suites bañadas en tonos ocre, terracota y púrpura, son dormitorios más amplios donde dan la nota los techos laqueados, los espejos ahumados y los detalles en bronce. En ambos casos, el room service promete ser cosa seria: alcanza tocar un timbre a la antigua, o abrir una moderna tablet a disposición de los viajeros, para que la bandeja con las delicias del caso aterrice en la cama.

La gastronomía, dicho sea de paso, también está planteada como un homenaje a la cultura italiana: desde el desayuno bautizado Grand Tour al obligado aperitivo, pasando por el té de la tarde o la cena de gala. Naturalmente, hay un vagón comedor que oficia de Ristorante, con un interior envuelto en luz tenue, jugado a la formas geométricas, al diseño gráfico y a un tono de verde que se mimetiza con la naturaleza que cuela por las ventanas. Por lo demás, música italiana, platería vintage y manteles bordados enmarcan sabores que no pueden faltar a la cita: aceite de oliva, trufas, erizo de mar. La mañana comienza con jugos frescos, brioches sicilianos, mermeladas regionales y café italiano; el té de la tarde es una verdadera ceremonia regida por Yu Hui Tseng, la primera tea master mujer en la historia de China; y el aperitivo, servido en un bar que evoca los años dorados del Orient Express, se apoya en antipastos, cocktails de autor y limoncello.

En cuanto a los itinerarios, los hay de una y dos noches (lo que supone, respectivamente, dos y tres días de excursiones), siempre surcando la bota y saliendo de Roma o de Palermo. Venecia, Siena, Nizza Monferrato, Maratea, Montalcino, Agricento y Taormina son algunas de las escalas típicas en esos recorridos.

Para revivir el arte de viajar a la vieja usanza, los requiebros y las sorpresas comienzan incluso antes de embarcar: un sobre sellado (virtual), con las instrucciones del caso, llega por correo electrónico al pasajero una vez hecha la reserva; un conserje personal lo espera en la estación, donde antes de trepar al tren habrá un singular ballet en el lounge privado para exhibir objetos icónicos de la era dorada de los viajes, y tiempo para probar unos dulces italianos y brindar con un spritz al son de guitarras turcas. A bordo, las sorpresas se prolongan con retratos Polaroid, un vagón de juegos, la previsible Grand Soir (que comienza con consejos sobre la vestimenta y se extiende con un verdadero menú de historias orales contadas por un experto entre plato y plato…) y hasta con un álbum de viaje de regalo, que también conjuga lo viejo y lo nuevo: hay páginas para escribir memorias breves e insertar fotos, pero también códigos QR para acceder a la playlist escuchada en el tren, las recetas del chef… y las ofertas para otros viajes y hoteles de la cadena Belmond. Faltaba más.