DISTANCIAMIENTO POLAR

Suena perfecto para una aventura extrema en tiempos de pandemia: un hotel spa flotante en la Laponia sueca, muy cerca del círculo polar ártico y muy lejos del mundanal ruido. Así es Arctic Bath, que abrió sus puertas este año.

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Los arquitectos Bertil Harström y Johan Kauppi se inspiraron en la naturaleza: para ser más concretos, en los nidos de las aves lugareñas y en los troncos flotantes que a menudo se acumular en los ríos de la zona, y que fueron el paisaje habitual de su infancia.

Rodeada de hielo en el invierno y flotando sobre las aguas en verano, la imponente estructura circular que alberga el spa es el alma del lugar y el punto de partida del proyecto. 

En el centro, una piscina de inmersión al aire libre con el agua apenas a 4 grados. Puertas adentro, la calidez y el placer del sauna y un nutrido menú de tratamientos cuyo denominador común es la mirada holística al bienestar corporal, atendiendo al mismo tiempo la nutrición, el ejercicio físico, el cuidado del cuerpo y el rostro y la paz del espíritu.

La naturaleza también dice presente en las habitaciones, donde la piedra, la madera, el cuero y los textiles enmarcan armoniosamente los muebles y las piezas de diseño sueco. Las hay de tres tipos: Land (cabañas en tierra firme sobre palafitos, con aires de loft y deck al aire libre); Water (cabinas flotantes conectadas por una pasarela); y Suites (62 metros cuadrados para dos personas a orillas del lago). En todos los casos, wi-fi, mini bar, cómodas bañeras, aire acondicionado y losa radiante en el piso, como para que nadie dude del grado de confort que se suma a la belleza del paisaje y a los esmeros decorativos.

Un menú de cinco platos, que cambian a diario, es la propuesta fija del restaurante, donde los chefs del lugar se aferran a los ingredientes locales y a la gastronomía sustentable. Reno, alce, ternera, aves silvestres, pescados y hierbas secas suelen decir presente en el menú. A la hora del desayuno, panes, quesos y carnes de la zona; y por la noche, cervezas artesanales y vinos naturales para redondear la jornada. 

Naturalmente, la carta de actividades no se limita al dolce far niente en el spa: caminatas, canotaje, excursiones en kayak o en bicicleta, baños de bosque, ski, avistamiento nocturno de osos, pesca y safaris fotográficos en busca de auroras boreales son algunas de las tantas posibilidades que el Arctic Bath pone a mano de sus huéspedes.

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