MARRUECOS ESTÁ DE MODA
Inaugurado hace un par de meses, el Museo Yves Saint Laurent de Marrakech vuelve a poner a la ciudad roja en el radar de los viajeros. A pasos del legendario Jardín Majorelle, el deslumbrante edificio testimonia el amor por Marruecos del célebre diseñador francés nacido en Argelia, y exhibe buena parte de sus creaciones.
El romance de Yves Saint Laurent con Marrakech data de 1966, cuando llegó allí por vez primera y se instaló en el legendario (y por entonces decadente) hotel La Mamounia. Con el tiempo tuvo dos casas en la ciudad, primero una dentro de la Medina; más tarde otra en Gueliz, uno de los barrios modernos abiertos por los franceses.
Para 1980, Yves Saint Laurent y Pierre Bergé, su socio y compañero, compraron el célebre jardín en el que el pintor francés Jacques Majorelle se había instalado en los años 20: cuatro hectáreas de verde donde aquel artista aficionado a la botánica parió ese azul cobalto y ultramar que hasta hoy lleva su nombre. Salvaron ese tesoro urbano de la especulación inmobiliaria, transformaron su vieja casa de estilo morisco en la suntuosa Villa Oasis, por la que pasaría media jet-set, y convirtieron el atelier modernista que en 1931 había levantado el arquitecto Paul Sinoir en el Museo Beréber.
Durante décadas, Saint Laurent pasó largas temporadas en Marrakech, donde se instalaba al menos dos veces por año, para descansar de París y planear sus aplaudidas colecciones. Los colores de Marruecos y el atuendo de sus mujeres influenciaron fuertemente su trabajo. Murió en 2008, en su casa de la capital francesa, pero sus cenizas descansan en un sencillo memorial emplazado dentro del Jardín Majorelle.
En octubre de 2017, y por encargo de la Fundación Pierre Bergé (que atesora buena parte del legado del diseñador), la ciudad inauguró este flamante museo que le rinde homenaje y, a la vez, testimonia el amor de Saint Laurent por ella. El edificio que lo alberga, obra de la firma francesa Studio KO, tiene 4 mil metros cuadrados, juega con el contraste de curvas y líneas rectas, y viste un conjunto de cubos ciegos a la calle con ladrillos que evocan la trama de un tejido.
La colección permanente y las exposiciones temporarias proponen un viaje creativo por la vida y la obra de Yves Saint Laurent: están a la vista sus dibujos y bocetos, imágenes de sus tantas musas inspiradoras, y naturalmente, muchas de sus creaciones para las pasarelas. La aproximación al trabajo del célebre modisto se redondea con instalaciones audiovisuales, proyección de desfiles y bandas sonoras. La puesta en escena, de criterio absolutamente escenográfico, corrió por cuenta de Christophe Martin. Hay también una sala con pintura orientalista, un auditorio para conciertos y conferencias, una librería, un café, un jardín diseñado por el paisajista Madison Cox y una tienda con productos de la grifa YSL.