REFUGIO VICTORIANO EN LONDRES

Una mansión con historia en Paddington, una pequeña cadena francesa de hoteles que se aventura por primera vez en Londres y un celebrado diseñador parisino con carta blanca para actuar: el resultado es el flamante Grand Hotel Bellevue, que tiene mucho de club privado y residencia particular.

El grupo Lignée Hotels ya regenteaba cuatro establecimientos en Francia, pero ahora acaba de plantar bandera cruzando el Canal de la Mancha. El territorio elegido fue el barrio de Paddington, lo suficientemente a mano de las principales atracciones de la capital inglesa pero algo apartado de las rutas más trilladas por los turistas. Para más datos, la vieja casa de estilo victoriano se alza en la tranquila Norfolk Square, y aunque no es exactamente pequeña (el hotel tiene 60 habitaciones), impone un aire residencial que la distingue claramente de los hoteles promedio de una gran ciudad.

Buena parte del mérito corre por cuenta del arquitecto e interiorista francés Fabrizio Casiraghi, que tuvo a cargo el diseño del hotel, para lo cual se inspiró en el (ficticio) matrimonio dueño de casa: un aristócrata inglés y su excéntrica esposa, él amante de los muebles vintage y las maderas laqueadas; ella fanática de los objetos curiosos, las obras de arte y los colores vibrantes.

Desde la entrada, las alfombras persas, los espejos dorados, las molduras de yeso y otros detalles anticipan el tono general de la puesta en escena, y el viajero desprevenido podría no entender que está en el lobby de un hotel, donde el mostrador (minimalista y metálico) contrasta con el color vibrante de las paredes.

El comedor redobla la apuesta por los contrastes y combina caoba, banquetas tapizadas, apliques con forma de conchas en las paredes y luminarias modernistas en los techos.

Ya en las habitaciones, las molduras góticas ponen el toque romántico y de época, que se lleva bien con los muebles en madera y con las alfombras de colores vibrantes. La paleta se eleva en los baños, que dan la nota moderna. Buena parte de los cuartos tiene un deliberado aire de camarote náutico (jugando con el pasado de trotamundos de los dueños de casa imaginarios), pero no faltan habitaciones y suites de gran tamaño.

La oferta del hotel se redondea con un exótico bar en planta baja, donde los puntos focales son los tapices de la artista estadounidense Emily Bode y los paneles que le hacen un guiño al pasado colonial de Gran Bretaña, evocando imágenes de la India. ¿Uno de los tragos a probar? El Fig Maharaja, con licor de higo, Amer Picon, clara de huevo, jarabe de agave y jugo de limón.